Navidad en Aguascalientes
By redglobal • Dec 12th, 2008 • Category: Autor, UncategorizedYa se me había hecho costumbre echar de menos Aguascalientes en la época de Navidad, tal vez porque cuando era jóven y vivía allá, solía esperar cada año la temporada decembrina con gran expectación. Me gustaba oír la música que se transmitía por los altavoces de las tiendas del centro. Me gustaba caminar por el Parián, por la calle Juárez, y sentir el aire fresco, que aún con el sol del medio día, le daba al ambiente un verdadero toque invernal.
Las celebraciones en casa eran sencillas, sin mucho alboroto, pero tenían significado, porque nos dábamos el tiempo para estar todos allí, a pesar de todo, y mi mamá se esmeraba en preparar delicias, como su famoso bacalao a la Veracruzana. Por manos de algún familiar que llegaba de visita, recibíamos con agrado el envío de un paquete con tamales de Río Grande, el pueblo donde nació mi papá. Aquellos tamales eran únicos; delgaditos, con la masa densa, y sabor a comino. ¡Quién no iba a recordar con nostalgia el aroma del ponche hirviéndo despacito sobre la estufa, o de los tamales, más sabrosos cuando se recalentaban sobre el comal de las tortillas y se les tostaban las hojas! ¡A quién no le daría gusto recordar el sabor tan dulce de un jugoso pedazo de caña de azúcar, el olor de los tejocotes, el crujiente sonido de los cacahuates!
Ahora vivo en una región donde el invierno toma dimensiones que para mí eran desconocidas. La blancura de la nieve, los trineos, los pinos, los venados; todas aquellas cosas que yo únicamente había visto en las fotografías de algún libro, o tal vez en una película, ahora se convertían en objetos cotidianos. Era como si las páginas del libro se hicieran realidad ante mis ojos, una y otra vez.
Pero los días tan cortos, la efímera luz del sol y las largas noches de invierno, pronto me hicieron extrañar todo aquello que una vez formara parte de mi juventud y que para mí representaba una época de esperanza, de buenos momentos compartidos con la familia, de aquellos andares por las calles del centro, repletas de gente.
El tiempo pasa, los recuerdos palidecen, y se van formando otros. Sigo extrañando, pero con menos nostalgia. Hemos tenido la oportunidad en años recientes mi esposo, mis hijos y yo, de ir a Aguascalientes en época de Navidad. Ahora ellos también tienen en su memoria un pedacito de mis recuerdos. Ahora ellos también han visto las plantas de Nochebuena que florean en Diciembre en el jardín de su abuelita, y han jugado a brincar la cuerda con sus primos. Ahora hemos caminado juntos por las calles del centro…

